El presunto homicida de Mari Luz fue condenado por una estafa inmobiliaria
Santiago del Valle, que intentó vender un piso que había alquilado con su esposa en La Calzada, persiguió hasta un instituto a una niña de 12 años
Santiago del Valle y su
esposa, Isabel García, dos de los detenidos por el caso de la muerte de
la pequeña Mari Luz en Huelva, vivieron durante un año en el barrio
gijonés de La Calzada. En este tiempo, Santiago del Valle fue
denunciado por acosar a una joven de 12 años y condenado, con su
esposa, a 11 meses de prisión por una estafa, al intentar vender el
piso en el que vivía de alquiler en la calle Perú.
Santiago del Valle e Isabel García se hicieron tristemente
conocidos en La Calzada y en toda la ciudad, en la que residieron entre
2006 y 2007. Sus apariencias engañaban. Y la alarma no tardó en saltar.
Una mujer presentó una denuncia en la Comisaría de Gijón en la que
aseguraba que Santiago del Valle estaba acosando a su hija, de 12 años,
en el instituto. La niña chateaba por internet con el ahora detenido,
que se hacía pasar por una compañera de la misma edad. Algunos
testimonios señalaban ayer que llegaron a mandarse cartas manuscritas.
Los vecinos del inmueble de la calle Perú explicaban que «cuando se
fueron de aquí, el cartero seguía dejando cartas manuscritas, pero no
sabíamos de quién eran». Telecinco informó ayer de que Santiago del
Valle se anunciaba en prensa como si fuese una niña que buscaba amigas
por correspondencia.
El crimen de Mari Luz tuvo desde un primer momento relación
con Asturias, pero desde la Comisaría de Gijón se trasladaba a Huelva
toda la responsabilidad. Como adelantó LA NUEVA ESPAÑA, el abuelo y el
tío de la pequeña pasaron por la región a mediados de febrero después
de recibir una llamada anónima en la que se les informaba de que su
niña había podido ser vista en el Principado.
Las alarmas ya habían saltado en la Comisaría de Gijón, donde
la primera de las denuncias que se registran contra Santiago del Valle
ya le relaciona con menores y acoso. Según fuentes de la Jefatura
Superior de Policía de Asturias y de Huelva, el detenido tenía una
orden de alejamiento de una estudiante de un instituto de Gijón con la
que solía «chatear» de manera habitual con falsa identidad. Llegó a
presentarse en el centro de estudios de la menor, momento en el que
ésta alertó a su familia y acudió a Comisaría. También se sabe que
Ignacio del Valle participó en Gijón en actividades en centros sociales
de los barrios, pero consta que fue despedido de alguno por sus
inclinaciones hacia los jóvenes.
Mientras cometía los supuestos delitos de Andalucía, tenía
una sentencia firme en Asturias con fecha de diciembre de 2007, que
está recurrida. El matrimonio fue declarado culpable de un delito de
estafa en grado de tentativa y condenado a una pena de cárcel de once
meses para cada uno. Todo comenzó en febrero de 2006, cuando, una vez
formalizado el contrato de arrendamiento con el propietario real, le
pagaron por adelantado un año con el objetivo de crear un clima de
confianza entre ambas partes. Un mes más tarde, los inquilinos
contactaron con una inmobiliaria situada en Lugones para ofrecer la
venta del piso, ubicado en la calle Perú de Gijón, por 80.000 euros. Un
comprador quiso hacerse con la vivienda, pero, a la hora de formalizar
los trámites de cierre de la operación, se dio cuenta de que en el
registro aparecía otro nombre que no era el de las personas que le
estaban vendiendo el inmueble. Agentes del Cuerpo Nacional de Policía
se personaron en el edificio gijonés y detuvieron a la pareja ante la
atenta mirada de los vecinos, que para nada se sorprendieron. Se lo
esperaban.
Lo que sí sorprendió a sus ex vecinos gijoneses fue la noticia de
la detención de Santiago e Isabel en Cuenca como presuntos autores del
crimen de Mari Luz. A mediodía, se mostraban atónitos ante el televisor
cuando veían la noticia en presencia de LA NUEVA ESPAÑA. Según sus
antiguos vecinos, «los dos eran un poco raros, porque te bajaban la
vista cuando te los cruzabas en el ascensor y tenían fuertes
discusiones en público». La propietaria del piso inferior al que
ocupaban los ahora detenidos aseguraba ayer que «siempre estaban
discutiendo sobre dinero y sobre el juego; parece que estaban
enganchados». Fueron expulsados cuando sólo llevaban seis meses en la
calle Perú, y se trasladaron tan sólo dos calles. El día a día era algo
extraño: «Él se levantaba muy temprano y volvía a casa con muchas
botellas de refrescos y cerveza». Algunos creen que «se dedicaba a ir
de una provincia a otra haciendo chanchullos y era buscado por delitos
cometidos en toda España». En cuanto a la vida personal, los vecinos
aseguran que «ella decía siempre que tenía dos hijos internos en un
colegio de Andalucía, a los que iba a ver de vez en cuando». Una mujer
recuerda aun más: «Yo tuve un problema con él porque me pagaba para que
limpiara la escalera cuando le tocaba a su mujer, y una vez no me pagó».



